Paseo de la Esperanza sobre 1975

Paseo de la Esperanza, sobre 1975. Debe su nombre a una quinta que había aquí con el mismo nombre. El primer edificio que se ve a la izquierda incompleto es el nº 37 en el que se ve un letrero a medias que pone Minerva S.A. y antes otra palabra que termina en "ES" así que podría ser una tienda de Televisores Minerva, había una marca entonces que se llamaba así. En mayo de 2008 en todo el bajo del número 37 y en el primer local de la izquierda y en el último local de la derecha del número 39 había un taller de cambio de aceite llamado Precisión. En el local restante el de la izquierda junto al portal había una Asesoría Laboral y Fiscal llamada Solre3 Asesores. En junio de 2012 donde estaba el taller de cambio de aceite abren otro llamado GAS Autocentro y en el 37 abren además una inmobiliaria. En octubre de 2013 ya se ve una tienda de contratos de suministro eléctrico Energy Iberdrola donde estaba la inmobiliaria y donde estaba la Asesoría ahora hay un Distribuidor Europeo de Suministros y Material de Oficina (DESYMO) . Ya en abril de 2016 se ve abierto un Estanco de Tabacos. En junio de 2015 desaparece DESYMO y se ve un simple letrero que pone Certificación. En abril de 2016 desaparece el local de Energy e Iberdrola y se abre un Estanco. En mayo de 2017 el taller añade la marca de automóviles Dacia junto a la de Renault que ya existía. En mayo de 2019 donde estaban las certificaciones ponen un local que reza Outlet de Viviendas, debe ser una inmobiliaria. En diciembre de 2023 aparecen cerrados dos locales el Estanco y el Outlet de Viviendas. 

 


En la foto de 1975 (año estimado) vemos que en el 39 hay ya una entrada de Taller y a continuación dos locales cerrados, en el de la derecha pone SANTOS y parece que en el de la izquierda pone TRANSPORTES. En el siguiente local ya no se distingue lo que pone. En el siguiente bloque que es el nº 41 nunca hubo en la planta baja comercios ni negocios, ya que no existen locales son viviendas de planta baja. Aunque en esta foto parece que llegando a la esquina pone un letrero en la fachada. El siguiente edificio como se ve hace chaflán con la calle Carvajales y tiene asignado el número 43. A continuación viene un grupo de viviendas que como se puede comprobar son todos idénticos. El primero es el número 45 y el último el 51. Después hay otros cuatro bloques hasta llegar al Paseo de Santa María de la Cabeza, los números 53, 55, 57 y 59 que es el que ya hace chaflán. Todos los edificios mencionados así como los dos altos que se ven al fondo sigue existiendo en el año 2026. El más alto es el número 85 del Paseo y tiene 15 plantas, con unos locales bajos de doble planta y una azotea que vienen a dar una altura de 17 plantas, un mastodonte de edificio. El de la izquierda es el de la calle Aguilón nº 4 este tiene 11 plantas más la azotea. El que se ve por delante del alto a la derecha es el último número par del Paseo de la Esperanza, el número 22, al lado está la gasolinera que tiene entrada por el Paseo. Y ya para finalizar se ve otro delante del anterior más bajo, este es el único derribado de los que se ven en la fotografía, ahí construirían el actual número 20 que hace esquina con la calle de Baños de Montemayor que en esta fotografía está ya fuera de plano. En la actualidad el Paseo está ajardinado, con árboles y plantas en el medio. Este Paseo estuvo muchos años atravesado y cortado por la vía del tren -desde principios del siglo XX hasta finales de los años 80- que se podía cruzar por el famoso paso a nivel de la Estación de Las Peñuelas

Sobre la calle Carvajales en el Libro de las calles ya referenciado en otras entradas del año 1889:

Carvajales. Entre la calle del Ferrocarril y el Paseo de la Esperanza.

Es de apertura moderna.

La conocida tradición de los Carvajales se funda en las siguientes palabras de la Crónica del rey D. Fernando IV, que se halla en un códice existente en la Biblioteca Nacional: 

«E el Rey salió de Jaén e fuese á Martos é estando y (allí) mandó matar dos caballeros que andaban en su casa, que vinieran y á riepto que les fasian por la muerte de un caballero que desian que mataron cuando el Rey era en Palencia, saliendo de casa del Rey una noche, al cual decían Juan Alonso de Benavides. E estos caballeros, cuando los el Rey mandó matar, veyendo que los mataban con tuerto, dijeron que emplasaban al Rey que paresciese ante Dios con ellos á juicio sobre esta muerte que él les mandaba dar con tuerto, de aquel dia en que ellos morían á treinta dias.» 

Más adelante dice la Crónica:
 

«E el Rey, estando en esta cerca de Alcaudete, tomóle una dolencia muy grande, e vínose para Jaén con la dolencia, e non se queriendo guardar, comía carne cada dia é bebia vino... E este jueves mesmo, siete dias de Setiembre, víspera de Santa Maria, echóse el Rey á dormir, e un poco después de mediodía falláronle muerto en la cama, en guisa que ninguno lo vieron morir. E este jueves se cumplieron los treinta dias del emplazamiento de los caballeros que mandó matar en Martos.» 

El Sr. D. Antonio Benavides, con gran copia de datos y razones, ataca esta tradición y pretende demostrar, á nuestro juicio con acierto, la falsedad de este novelesco incidente de la vida de don Fernando IV. 

«La noticia de un hecho tan capital, dice, como es el emplazamiento del Rey para ante la justicia divina, por haber conculcado los fueros de la justicia humana, ha seguido el curso de todas las fábulas é invenciones con que la mala fe y el interés individual han torcido la verdad histórica. En los tiempos del acontecimiento nada dicen los escritores; la opinión pública calla; hasta la voz del maldiciente vulgo permanece muda; cincuenta años después un escritor, eco de los rumores maliciosos que se levantan, los da como fábula, y se mofa de la impía credulidad: cien años después, todavía otro escritor manifiesta la duda de la opinión pública ilustrada; más tarde otro lo afirma, y á éste lo copian todos; la noticia se difunde, la malicia del vulgo la repite, los teólogos ayudan á propalarla, las generaciones la creen, la memoria de un Rey queda infamada, y, de boca en boca, de libro en libro, se repite hasta la generación presente que D. Fernando IV, al cual sólo achaca la Historia un carácter débil y clemente, un corazón en extremo bondadoso, que no supo castigar á sus enemigos, que tanto lo merecían, fué emplazado ante Dios por haber injustamente condenado á muerte i dos caballeros de su mesnada.»

Termina el ilustrado académico declarando que califica de falsa y calumniosa la imputación que pesa sobre aquel Monarca, hija de la maledicencia del vulgo, ó producida por los intereses ó los odios de familias poderosas en aquellos remotos tiempos, de los que tan escasos vestigios se conservan. 

 

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